DÍA MUNDIAL DE LA ACCIÓN FRENTE AL CALENTAMIENTO TERRESTRE O DÍA MUNDIAL POR LA REDUCCIÓN DE LAS EMISIONES DE CO2
Antecedentes

Los días, semanas, años y décadas mundiales o internacionales dedicados a algún tema o acontecimiento, son fechas para que como integrantes de la comunidad internacional nos detengamos a pensar y reflexionar sobre algún problema que nos atañe a todos como sociedad. Es así como el 28 de enero, ha sido un día designado para sensibilizarnos, hacer conciencia y tomar acciones frente al calentamiento terrestre por ser el “Día Mundial por la Reducción de las Emisiones de CO2”.

Este cambio se ha dado como consecuencia del excesivo aumento de gases efecto invernadero por quema de combustibles fósiles (carbón y petróleo principalmente) desde que entramos en la era industrial; por la producción agropecuaria y el cambio de uso de suelo aunado con la deforestación (sumideros naturales de carbono); así como también por el alto grado de industrialización alcanzado junto con los patrones actuales de alto consumo.

Como antecedente jurídico tenemos que el primer ladrillo fue puesto en Brasil, durante la Cumbre para la Tierra, que en 1992 dio lugar a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Por primera vez la comunidad internacional abordó de manera frontal el problema del cambio del sistema climático global.

Nuestro país, tras la aprobación del Senado, la anterior Convención fue ratificada ante la Organización de las Naciones Unidas el 11 de marzo de 1993. De esta manera, el Gobierno mexicano se comprometió a cumplir con los lineamientos establecidos en ese instrumento, entre los que encuentra el de desarrollar y actualizar un inventario nacional de gases de efecto invernadero.

Posteriormente en 1997, dentro del marco de la CMNUCC, tuvieron lugar en Kyoto, Japón las negociaciones necesarias para fortalecer las acciones internacionales ante el calentamiento terrestre, adoptándose el Protocolo de Kioto, cuyo objetivo es la reducción a un 5% de las emisiones de los gases efecto invernadero (GEI) emitidas a nivel global (cada país estableció sus límites) cuyo período de compromiso comprende 2008-2012 y toma como referente las emisiones de 1990. Estos gases son el dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), óxido nitroso (N2O), así como también los gases industriales fluorados como son los hidrofluorocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC) y el hexafluoruro de azufre (SF6). En la actualidad estamos en dentro del segundo período de compromiso que empezó en 2013 y finaliza enn 2020.

En años recientes, los integrantes de la CMNUCC alcanzaron un acuerdo histórico, entre otras cosas, por ser el tratado que más firmas de Estados ha recibido en un solo día. Se trata del Acuerdo de París que tuvo lugar en la 21ª Conferencia en París en 2015. Este acuerdo está dentro del marco de la CMNUCC y todos los países, por primera vez, tienen un objetivo común: combatir el cambio climático y adaptarse a sus efectos. Más adelante, el 22 de abril de 2016, día de la Tierra, 175 líderes mundiales firmaron el Acuerdo de París en la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York, rompiendo récord en firmas como acuerdo internacional. En la actualidad 184 países forman parte de dicho acuerdo.

Por tanto, en este día todos, como ciudadanos habitantes de este planeta, hemos de buscar las formas de impulsar el desarrollo y aplicación de políticas de reducción de emisiones de gases efecto invernadero, en congruencia con los acuerdos internacionales firmados por nuestras naciones. Debemos también vigilar se promuevan inversiones en desarrollo de fuentes de energía renovables, cambio a combustibles más limpios, mejoras en la eficiencia de los procesos de combustión y modificar nuestras tendencias de consumo a través de la educación ambiental.

El CO2 hoy

La última vez que la atmósfera de la Tierra concentró una cantidad de CO2 comparable a la actual, se produjo hace alrededor de 3-5 millones de años, originándose un aumento entre 2 y 3 grados de temperatura y un nivel del mar entre 10 y 20 m mayor al actual; de acuerdo a Petteri Taalas, Secretario General de la Organización meteorológica Mundial (OMM). Hoy en día un evento de esta magnitud, tendría consecuencias apocalípticas en todos los ámbitos de nuestra existencia no sólo como ciudadanos, sino también nos pondría en alto riesgo como especie.

Continuando con los números, la OMM ha revelado que la concentración media mundial de CO2 ha pasado de 400.1 partes por millón (ppm) en 2015, a 405.5 ppm e 2017. Al aumento de este gas le acompaña también el ascenso de las concentraciones de meta (CH4), óxido nitroso (N2O) junto con la reaparición del clorofluorocarbono 11 (CFC), potente gas efecto invernadero que se distingue por degradar la capa de ozono O3. Por si fuera poco, el CO2 permanece en la atmósfera durante cientos de años y aun más tiempo en los océanos, lo cual no es para menos si recordamos que los mares son clave en la regulación del clima interviniendo además en los principales procesos biogeoquímicos del planeta. Sin mencionar que un aumento en las concentraciones del CO2 en los mares, llevaría a una consecuente acidificación que acabaría con muchas de las algas microscópicas encargadas de la fotosíntesis y productoras de la mitad del O2 que respiramos; también desaparecerán los ecosistemas arrecifales y todos aquellos organismos cuyas estructuras estén compuestas de carbonato de calcio (CaCO3), además de muchas otras especies que no puedan adaptarse a estos cambios.

Contexto nacional

México, país signante de los principales acuerdos internacionales en el tema de Cambio Climático, establece a través de la Ley General de Cambio Climático (Diario Oficial de la Federación, junio/2012; reformada en junio/2016), las disposiciones que todos los mexicanos debemos seguir para enfrentar los efectos adversos del mismo y de esta manera seguir disfrutando de un medio ambiente sano a través de la regulación de las emisiones de gases y compuestos de efecto invernadero. El Estado de Veracruz cuenta con la Ley Estatal de Mitigación y Adaptación ante los Efectos del Cambio Climático, que fue emitida en la Gaceta Oficial, órgano del Gobierno del Estado, en noviembre de 2010, cuya última reforma fue publicada en julio de 2013. Sin embargo, dicho documento requiere actualización, ya que después del Acuerdo de París, las metas se han centrado en la adaptación al cambio climático.

Bajo este contexto, se crea en diciembre de 2014 el Sistema Nacional de Cambio Climático (SINACC), cuyo objetivo es promover la concurrencia, comunicación, coordinación y concertación de la política nacional de cambio climático. Lo integran la Comisión Intersecretarial de Cambio Climático (CICC), el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC) y la Coordinación de Evaluación, el Consejo de Cambio Climático (C3), los gobiernos de las entidades federativas, las asociaciones nacionales de autoridades municipales y el Congreso de la Unión.

Derivado de los compromisos internacionales contraídos por México, se crea el Inventario Nacional de Emisiones de Gases y Compuestos de Efecto Invernadero (INEGYCEI). Este este es un instrumento de gestión ambiental determinante en la toma de decisiones y elaboración de políticas públicas en materia de Cambio Climático (Figura 1).

La información de este inventario se considera de interés nacional y de uso obligatorio para la federación, estados y municipios. Actualmente se cuenta con el INEGYCEI 1990-2015, conforme a lo establecido en el artículo 74 de la Ley General de Cambio Climático y en los artículos 4 y 12 de la CMNUCC de la que nuestro país forma parte.

Este inventario arroja datos muy interesantes que como ciudadanos nos ayuda a dimensionar la gravedad del problema y cómo a través de nuestras pequeñas acciones individuales día a día, podemos contribuir a disminuir la emisión de Gases Efecto Invernadero (GEI). El INEGYCEI reporta que en 2015 México emitió 683 millones de toneladas de CO2 equivalente de GEI como producto de actividades antropogénicas a lo largo y ancho del territorio nacional. Además, emitimos 112,240 toneladas de carbono negro (el que le da color al hollín como resultado de la combustión incompleta) y nos hemos comprometido a reducir porque además de mitigar el cambio climático, se reducirán problemas de salud derivados de su emisión (Tabla 1 y Figura 2).

De acuerdo a este reporte, entre 1990 y 2015 México incrementó sus emisiones en un 54%, a pesar de que nuestra emisión per cápita se encuentra por debajo del promedio mundial (Figura 3) a una tasa de crecimiento media anual de 1.7%.
El reporte señala lo siguiente: La mayor contribución de las emisiones proviene del CO2, que se genera prácticamente en todas las actividades económicas. Por el contrario, en el caso del CH4, las fuentes principales son la fermentación entérica, la disposición de residuos y el tratamiento de aguas residuales. La fuente del N2O en el país, es la agricultura. No se cuantifican emisiones de perflurocarbonos (PFC) en 2015, ya que a partir de 2004 se dejó de producir aluminio primario en México y los PFC no se consumen en el país como sustitutos de las sustancias que agotan la capa de ozono (SAO). Las emisiones de PFC son generadas en la producción de aluminio primario como tetrafluorometano (CF4) y perfluoroetano (C2F6) y también pueden utilizarse como sustitutos de las sao en aplicaciones especializadas (Figura 4 y 5).
Contexto internacional

La Agencia Internacional de Energía (OCDE/aie, 2017), creada en noviembre de 1974, reportó que en 2015 se emitieron 32,294 millones de toneladas de CO2 por las actividades del uso energético de los combustibles a nivel mundial. El principal emisor de CO2 fue China (28.13%), seguido por Estados Unidos de Norteamérica (15.48%), ocupando el tercer lugar la Unión Europea (9.91%); en donde México a nivel mundial representa el 1.33% del total de las emisiones totales. En resumen, los 10 principales generadores de emisiones de CO2, equivlentes al 74.86% del orbe, son:

  1. China
  2. UU.
  3. Unión Europea
  4. India
  5. Rusia
  6. Japón
  7. Corea
  8. República Islámica de Irán
  9. Canadá
  10. Arabia Saudita

 

A nivel continente Americano, las emisiones por actividades de uso energético de los combustibles fósiles fueron 7,203.2 millones de toneladas de CO2, en donde EE.UU aportó 69.39%, Canadá 7.62% y México en tercer lugar con un 5.97%

Por otro lado, el Índice de Desempeño de Cambio Climático (CCPI), instrumento diseñado para mejorar la transparencia en la política climática internacional, evaluando y comparando el desempeño en la protección del clima. Se trata de un instrumento para ejercer presión política y social en aquellos países que, hasta hoy, han fracasado en la toma de acciones contundentes para la protección del clima; de la misma manera hace destacar a quienes, de 56 países junto con la Unión Europea, tienen las mejores prácticas de política climática.

A partir de 2017 incorpora en su metodología al Acuerdo de París, hito de los acuerdos internacionales en materia de clima. Se divide en 3 categorías: emisiones de GEI, energías renovables y uso energético. A su vez cada una de éstas está integrada por 4 indicadores. De esta manera el CCPI evalúa a los compromisos de los países junto con su progreso actual en términos de protección climática (Figura 6).

Los resultados del ranking del CCPI están dados por el desempeño agregado de cada país en relación con 14 indicadores dentro de 4 categorías: emisiones de GEI, energías renovables y uso energético, así como política climática. Hay que destacar que hasta el momento, en 2019, ningún país se ha desempeñado lo suficientemente bien como para alcanzar el índice de “muy bien”; lo que significa que los primeros 3 lugares de este ranking están vacíos, siendo Suecia quien inicia en el tope a partir del 4to lugar, seguido de Marruecos y Lituania. México ocupa actualmente el lugar número 25.

El grupo de países que se han desempeñado “medianamente” incluye a Francia, México, Alemania y República Checa; entre los que han tenido un “bajo” desempeño tenemos a Indonesia, Austria y Nueva Zelanda. En los últimos cinco lugares encontramos a Arabia Saudita, Estados Unidos, República Islámica de Irán, República de Corea y China, con índices que van de “bajo” a “muy bajo” (Figura 7).

La evaluación examina el desempeño agregado de cada país con base a los siguientes 4 indicadores:

  1. Niveles actuales de uso energético per capita.
  2. La evolución de uso de energía en términos absolutos en los últimos cinco años per capita.
  3. Niveles actuales del uso de energía per capita comparado con un país específico con trayectoria debajo de los 2o
  4. El objetivo energético del propio país para 2030 comparado co su propia trayectoria debajo de los 2o

 

Suecia es el país que mejor se ha desempeñado en materia de bajas emisiones de GEI, seguido por Egipto, Malta y Reino Unido. La República Islámica de Irán, República de Corea y Arabia Saudita son los últimos tres en la lista, con desempeños de “bajo” a “muy bajo” en cada uno de los indicadores de esta categoría (Figura 8).

Los datos cualitativos de los datos de los indicadores de esta categoría son estimados cada año en estudios de investigación integral. Se basan en la calificación del desempeño que otorgan alrededor de 350 expertos en cambio climático, principalmente pertenecientes a la sociedad civil de los mismos países evaluados. A través de un cuestionario los expertos emiten dictámenes y valoran las políticas más importantes junto con medidas concretas de sus gobiernos; de igual manera evalúan el estatus de la implementación y los efectos consecuentes en el progreso de la descarboización.

Después del parteaguas del Acuerdo de París en 2015, ahora la medida del éxito debe evaluarse en términos de la implementación de los objetivos relacionados con la mitigación a nivel nacional. A la fecha ningún país ha logrado cumplir cabalmente con lo acordado en París, por lo que, como ya mencionamos, siguen vacíos los primeros tres lugares de este índice desde que se editó el primer reporte de CCPI.

El CO2 en el contexto natural y los bosques

Se trata de un gas que forma parte natural del aire que respiramos. Una de sus funciones consiste en crear un efecto invernadero sobre la Tierra, evitando que ésta se enfríe haciendo imposible la vida tal y como la conocemos.

Los animales necesitan de O2 para respirar y lo transforman en CO2; mientras tanto las plantas hacen lo contrario, es decir, consumen el CO2 atmosférico y a través de la fotosíntesis generan O2, quedando el sistema equilibrado (Figura 9).

El problema con el aumento del CO2 y el consecuente desequilibrio que hay radica en que no se trata solamente de la combustión de materiales fósiles como carbón, petróleo o gas natural; el tema trasciende debido a la acelerada destrucción de áreas naturales, especialmente superficies forestales, mismas que desde que se formó la atmósfera que tenemos actualmente, han desempeñado un papel crucial en el almacenamiento del CO2 a lo largo de millones de años. Su destrucción implica la liberación masiva de miles de millones de toneladas de CO2 en un pequeño lapso. Hoy día existe evidencia empírica y científica suficiente para asegurar que los niveles de CO2 han aumentado desde que se tiene registro de su medición (Figura 10).

En consecuencia, el cambio climático está instalado desde hace años y va a continuar por muchas décadas en respuesta a la acumulación de los GEI en la atmósfera. De hecho los efectos predichos para “el futuro”, hoy difieren considerablemente con aquellos predichos años atrás. La huella de los GEI queda patente calentando la baja atmósfera (tropósfera) y enfriando la alta atmósfera (estratósfera); calentando más a los polos que al ecuador; incrementando la intensidad del ciclo hidrológico, con más lluvia en altas latitudes y menos en los subtrópicos; con más variabilidad climática produciendo tormentas más grandes en tamaño y duración; sequías más intensas, etc.

Muchas de estas alteraciones climáticas ya son observables, por ejemplo, en los bosques, en donde la vida silvestre ha cambiado patrones de comportamiento o incluso ha tenido que migrar; o el caso de los insectos cuyas poblaciones pueden aumentar hasta convertirse en plagas; o la presencia de especies invasivas; o los incendios forestales, etc.

El tema de los bosques es tan grave, que si tomamos como ejemplo a la selva amazónica, principal pulmón del planeta, ésta perdió los últimos 10 años lo equivalente a 4 campos de futbol cada minuto. A pesar de que los bosques secos tropicales son robustos almacenes de CO2, en comparación con los bosques templados, éstos deben sobrevivir sin agua durante los meses de seca que son cada vez más largos (FIGURA 11).

Como hemos visto hasta ahora, el calentamiento global es grave y por ello ya es un tema de seguridad nacional (Figura 12 y 13). Sus efectos son patentes a través de diversos fenómenos naturales cuyos patrones, a nuestros ojos, han ido modificándose de manera a veces gradual y/o abrupta dependiendo de nuestros referentes y experiencia. Se trata de un problema planetario del cual no va a haber marcha atrás si no lo tomamos en serio desde ahora, y qué mejor tomarnos un día al año (28 de enero) para pensar e informarnos de qué manera, como ciudadano de a pié, podemos contribuir a frenar las emisiones de CO2, y el consecuente calentamiento global, si es que queremos seguir disfrutando de nuestro derecho a un medio ambiente sano y de los servicios ambientales que éste nos da.

Referencias

http://comunicacion.senado.gob.mx/index.php/informacion/internacional/40156-cambio-climatico-tiene-una-vinculacion-con-la-seguridad-nacional-y-los-derechos-humanos-senalan-en-el-senado.html

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