Una vida de servicio a la educación especial

Una vida de servicio a la educación especial

Satisfacciones y alegrías es lo que ha marcado durante 40 años mi vida como maestra, expresa Mirna de la Soledad Salazar García, directora del Centro de Atención Múltiple (CAM)16 de Xalapa.

Sonriente al recordar el legado que ha dejado en tantos niños y jóvenes de educación especial durante estos años, la docente reconoce que se ha trabajado para contar con una educación inclusiva y el día de hoy en Veracruz son atendidos ocho mil 200 niños con discapacidad en 325 centro de Educación Especial, ya sean CAM, Unidad de Servicios de Apoyo a la Educación Regular (Usaer) o los servicios de orientación UOP y Centro de Recursos e Información para la Integración Educativa (CRIE).

“La docencia es colaboración, cooperación, trabajar en equipo y en esa medida es como logramos sacar adelante a los alumnos”, señala al tiempo que subraya que los maestros tienen la preparación y el compromiso de capacitarse, actualizarse, porque el hecho de que los contraten para desempeñar un trabajo, en este caso con los niños, es para darles formación, los elementos para la vida, que desarrollen habilidades, competencias, aunque saben que están más tiempo en casa.

A pesar de ser cuatro décadas brindadas a la educación, Salazar García siente que ha sido un pestañeo, “la verdad se me ha hecho muy corto, estoy muy contenta”. Ello se debe, considera, a que lo suyo es una verdadera vocación pues desde pequeña le llamaba mucho la atención la docencia. “Siempre me ha gustado ser maestra”.

Siendo oriunda de Xalapa su carrera la inició en el estado de Jalisco, en los centros regionales de Educación Fundamental para posteriormente ubicarse en Saltillo, Coahuila, y finalmente llegar a Veracruz, a la localidad Lomas de Arena, en el municipio de Gutiérrez Zamora.

En sus primeros años como docente, comenta, junto con un grupo de compañeras se dieron cuenta que había niños para quienes no era tan fácil acceder a leer y escribir o que se relegaban, lo cual la motivó a encaminarse hacia la educación especial, donde se desarrolla desde hace 32 años.

Por 1979 se formó en el estado de Veracruz el área de Educación Especial y en 1982 me permitieron ingresar a esta modalidad, aunque no fue sencillo porque tuve que hacer mi licenciatura. “Durante cinco veranos me desplacé a la Ciudad de México para sacar la licenciatura en la Normal de Especialización y me especialicé en la atención de déficit de aprendizaje, que actualmente conocemos como discapacidad intelectual”.

Y desde entonces tengo muchas experiencias maravillosas y gratificantes, como Esteban, recuerda, un chico que llegó de un plantel regular a la escuela 6, y luego de sentirse rechazado pudo convivir y relacionarse con los demás; ya con el tiempo, al cabo de varios años, fue a mi casa y me invitó al cumpleaños de su hijo.

No hay que dejarse llevar por la discapacidad, por sus limitaciones, sino por sus capacidades, pues resulta verdaderamente satisfactorio que un niño con discapacidad intelectual aprenda a tomar el lápiz, a decir mamá; el niño autista que corre por el gis y empieza a escribir algunas palabras, “eso es gusto, es satisfacción”, manifiesta.

“Soy maestra, lo importante es el trabajo que llevemos en el aula, es el trabajo de sacar a nuestros alumnos adelante”, afirma con orgullo Mirna.

 

Xalapa, Ver., 15 de mayo de 2014